jueves, 8 de diciembre de 2016

momentazo #342: el viejo y el mar



Old Ramon (Red House Painters, 2001)

Resultado de imagen de old ramonDespedida con honores para Red House Painters. Mark Kozelek vuelve a contar con el grupo para grabar el cierre a su exitosa y desolada trayectoria. Y lo que le sale es un ajuste de cuentas en toda regla. Una vendetta impecable en la que asesta un golpe mortal a todos aquellos que dejaron de creer en él con el disco anterior, un trabajo ninguneado sin piedad en el que él lo tocó absolutamente todo. Siempre defenderé la emoción que supura ese disco, pero eso no quita que admita que aquí se percibe el aroma inconfundible de un grupo genial. Ese detallito que echábamos de menos en "Songs for a Blue Guitar" (1996) vuelve aquí con fuerza y maestría para echar la persiana de un modo, más que digno, glorioso.

El disco también tiene su historia, no podía ser de otra forma con estos tipos. Se grabó entre 1997 y 1998 y no fue editado hasta tres años después. El motivo, que por una serie de fusiones entre sellos, Kozelek y los suyos se quedaron sin discográfica justo cuando iba a ser publicado, quedando en un limbo que no hizo más que aumentar su leyenda. Una leyenda que se vio satisfecha con creces con su edición en 2001, al comprobar que el nivel creativo del de Ohio estaba intacto y el poder evocador del grupo seguía siendo mayúsculo.

Así las cosas "Old Ramon" se explaya hasta los 70 minutos con el estilo de siempre, aunque también cuente detalles novedosos. Tampoco es el bueno de Mark de dar marcha atrás ni de rememorar los viejos tiempos. Por eso aquí hay bastante de ese toque eléctrico que explorara en el disco anterior y también bastante de un positivismo que explota en temáticas amorosas e incluso un magnífico homenaje a su gato ("Wop-a-Din-Din"). La desolación no se abandona por completo, tranquilos, pero sí aparece más espaciada y diluída en una mezcla que sigue siendo capaz de sumirnos en el letargo con esa dulce ponzoña que sólo este grupo ha sabido destilar. Una pena, pero qué bonito es dejarlo en lo más alto. Así lloramos todos más, ¿verdad Mark?

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