domingo, 18 de diciembre de 2016

momentazo #346: y apagó la llama



You Want It Darker (Leonard Cohen, 2016)

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Lenny nos conoce muy bien. Lo queremos más oscuro. Siempre. Y ahí está él para apagar la llama. Aunque esta vez se ha pasado. De abisal, de primario, de profeta. "You Want It Darker" se ha convertido en el último disco de Leonard Cohen. Seguro que sin quererlo, ha prologado la partida accidental, inesperada y dolorosa del genio de Montreal.

 

El decimocuarto trabajo de Cohen sigue la línea marcada desde su última vuelta al mundo artístico que podríamos situar en ese notabilísimo "Old Ideas" (2012) y que continuara con algo menos de acierto en "Popular Problems" (2014). Este "You Want It Darker" sigue rebosante de esa hermosa aceptación que surge de tener todas las cuentas saldadas. Leonard Cohen lleva tiempo mirando de cara a lo inexorable, consciente de su caducidad y seguro que orgulloso de sus conquistas. Los modismos y los tics son los mismos, pero algo ha cambiado aquí. Si en sus discos de la primera década del nuevo siglo se ocultaba tras los trinos de su coro de ángeles, llegando incluso a hacerlas protagonistas absolutas en muchos momentos, desde "Old Ideas" ha ido progresivamente cogiendo el timón de nuevo. Con una voz reventada, con las llagas de la vida supurando en cada fraseo, y con una autenticidad que impone y duele, se marca un disco digno de cerrar el círculo. Aquí todo se paladea con mesura y delicadeza. El amor y la pena de siempre, preñados de ese tono a última vez que sobrevuela cada arreglo y cada sílaba.

Un disco triste por tanto. Sin paliativos que busquen el eufemismo. Un disco triste. Mucho. Y reconfortante, ¿no es curioso? Así ha sido siempre el maestro. Aquí se marca una vuelta, no sólo a los tiempos negros de "Songs of Love and Hate" (1971), sino también a los violines expresionistas y gitanos de "Recent Songs" (1979). Sin nostalgias de ningún tipo, aunque no haya mucho futuro al que mirar. Por eso es tan poderoso. "You Want It Darker", la canción, "Leaving the Table", "If I Didn't Have Your Love" o "It Seemed the Better Way" no podrán competir nunca con las viejas glorias, pero lo mejor es que tampoco parece importarles. Suenan auténticas y orgullosas, transformando su falsa medianía en grandiosidad. Desde lo mínimo, sin aspavientos, dan lustre al mausoleo prodigioso que el canadiense se ha ido construyendo. Año a año, mes a mes, día a día, pensamiento a pensamiento.

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