martes, 31 de enero de 2017

momentazo #362: paganismo o muerte

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Heathen (David Bowie, 2002)

POP / ROCK
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El mejor Bowie de la primera década del 2000 podría no tener a priori nada de impresionante. Más si lo comparamos con sus viejos oropeles. Tan inalcanzables que puede que hagan injusta a la vez que innecesaria tanta comparación. E inevitable, claro. En "Heathen" el consenso establece que estamos ante el mejor Bowie posible en la entrada del nuevo milenio. Dadas las circunstancias. Y al final esto resulta ser mucho, no sé si tanto como cuentan, pero mucho.





El golpe maestro se encuentra, todo el mundo lo vocea a los cuatro vientos, en esa maravillosa "Slow Burn", aunque la que golpee primero sea esa prodigiosa "Slip Away" con la que consigue transportarnos a los tiempos gloriosos de "Life on Mars". Por fin, nuestro alienígena favorito vuelve a poner la voz en primer plano para asestar un golpe definitivo a base de dramatismo y seda a lo Broadway. Hacía milenios que no sonaba tan imperial, tan doliente y tan importante. Y lo de "Slow Burn" es lo que todo el mundo dice: de traca. Esta vez todos los rumores son ciertos. Electricidad y pasión en una, otra, interpretación gloriosa del camaleón encima de otra de esas guitarras que lo han hecho tan grande.

Un disco que entra poco a poco, de los que tienen un sonido especial donde todo parece estar medido, y a la vez fluye con una libertad que enamora. En "Heathen" Bowie se desparrama como hacía tiempo que no lo hacía

 Esos dos serían los momentos más destacados de un disco que no puede explicarse en dos canciones. Un disco que es mucho más, uno de esos que entra poco a poco, de los que tienen un sonido especial donde todo parece estar medido, y a la vez fluye con una libertad que enamora. En "Heathen", Bowie se desparrama como hacía tiempo que no lo hacía. Según algunos, desde "Scary Monsters" (1980) no hacía algo tan bueno. No creo que exageren, aunque también me guste "Let's Dance" (1983), sí soy uno de esos. La evidencia es contundente y afirma que el disco número 23 de David Bowie está muy bien construido y vuelve a mostrárnoslo como un creador vital e importante, si no imprescindible. Algo que muchos habíamos olvidado. Él el primero.

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