domingo, 7 de mayo de 2017

tótem #99: el diablo y yo

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Título: The Complete Recordings
Artista: Robert Johnson
Año: 1990
Productor:  Don Law, Frank Driggs, Lawerence Cohn, Stephen LaVere
Sello: Columbia
 

BLUES
BLUES DEL DELTA

Robert Johnson es una de esas figuras esenciales que hay que conocer para comprender la historia de la música. Vivió mucho en sus escasos 27 años, engulló la vida y nos dejó un puñadito de grabaciones tan magro y diminuto como valioso. Apenas tres docenas y media de perlas que refulgen y vibran con la misma fuerza que cuando fueron grabadas hace ya casi un siglo. El poder de Johnson está más que a la vista y ni el sonido deficiente de estas piezas de arqueología puede empañarlo.
Robert Johnson llevó el blues a otra dimensión, lo hizo algo peligroso y auténtico, pegado a una realidad cruda, seca y salvaje, la del negro, el aparcero y el campesino. Su legado es este, sangre y dolor expuestos con parquedad y orgullo

Existen puntos oscuros en su biografía de la que se conoce bien poco. Esto ha sido el alimento perfecto para la elucubración y la leyenda. Que si pactó con el diablo en un cruce de caminos a cambio de aprender a tocar la guitarra como el negro poseído que se nos aparece en estas grabaciones, que si murió envenenado por un amante despechado (esto parece más verosímil), todo esto ha ayudado a fabricarle esa aureola maldita y magnética. Lo que no debería distraernos de lo esencial, de su rabia, de ese rasgueo febril con el que ataca al instrumento o lo acaricia hasta el orgasmo. Robert Johnson llevó el blues a otra dimensión, lo hizo algo peligroso y auténtico, pegado a una realidad cruda, seca y salvaje, la del negro, el aparcero y el campesino. Su legado es este, sangre y dolor expuestos con parquedad y orgullo.


En esta caja se recopilan las grabaciones completas del genio de Mississippi (en realidad falta una toma de "Traveling Riverside Blues"). Toda su herencia cabe en sólo dos CDs, pero nunca fue más cierta la frase de mejor calidad que cantidad. Es cierto, no nos engañemos, que el tener un par de tomas de trece de los temas puede ser demasiado para el oyente casual. Tampoco son tan diferentes como para justificarlas, pero lo cierto es que Robert las grabó y por tanto no está de más que se incluyan para redondear lo integral de esta propuesta. Aparte de esta mácula que puede ser un pequeño lastre para el disfrute, no veo ningún otro fallo en una obra FUN-DA-MEN-TAL, HIS-TÓ-RI-CA y SU-BLI-ME. Una obra hecha de trozos nunca pensados como un todo, pero que apabulla por su coherencia, su solidez y su verdad. Válida ayer, hoy y por siempre jamás.

Curiosidades

- Las canciones fueron grabadas en dos sesiones para American Record Company (ARC). La primera tuvo lugar en noviembre de 1936, en el Hotel Gunter de San Antonio y duró tres días. La segunda se realizó en junio de 1937 durante dos días en los que se registraron las 13 tomas alternativas que redondean este doble CD. Bueno, aquí falta una toma extra de "Traveling Riverside Blues" por lo que sólo se cuentan 12 repeticiones.

- A pesar de que Johnson se convirtió de inmediato en un estilo en sí mismo, es justo reconocer la influencia de bluesmen primigenios como Son House o, sobre todo, Skip James. Su huella es clara e indeleble a pesar de que Robert los haya sobrepasado en el imaginario popular por su fuerza y su estilo sobrenatural. También habría que mencionar a los influenciados por él, que se cuentan por legiones. A bote pronto es imposible evitar mencionar a Eric Clapton, uno de los que más ha hecho por potenciar su figura, y por supuesto herederos como Jimi Hendrix o ladrones impúdicos como los Rolling Stones o Led Zeppelin. Por decir cuatro de los cientos de deudores del guitarrista de Mississippi.

- En cuanto a la leyenda de la venta de su alma al diablo a cambio de su habilidad guitarrística, hay que reconocer que es sugerente. La idea es que eso ocurrió de la noche a la mañana, haciendo verosímil lo imposible porque ¿quién puede aprender a tocar la guitarra a ese nivel en unos días? Por supuesto que me encantaría creerlo, aunque el mismo Son House matizaba en la época que entre que perdió de vista a Robert Johnson y su reencuentro como bluesman diabólico habían pasado dos años. Poco tiempo, cierto, para convertirse en un maestro como el que era, pero algo más que la noche del mito.


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