sábado, 3 de junio de 2017

la interzona #123: bajo el sol negro



Superunknown (Soundgarden, 1994)
ROCK
ALTERNATIVO - grunge

Resultado de imagen de superunknownEs difícil lidiar con la nostalgia. No es posible ser imparcial con lo que nos ha conmovido en nuestros años más tiernos. Por eso sudo y tiemblo al enfrentarme a la valoración de este disco, una obra que me llegó en el momento justo, me sacudió en toda su hermosa virulencia y me abrió puertas hasta entonces cerradas a nuevos estilos y nuevos grupos que acabarían marcando mi vida.


Ese es el enorme valor, que no es poco, de un disco que ahora veo que siempre me pareció largo. Soundgarden aquí perfeccionan unas habilidades que habían ido fogueando en discos ariscos de punk y metal. Sus influencias están mucho más diluidas aquí, aunque no se puedan ocultar. Led Zeppelin campa a sus anchas en síncopas eternas como la de "Spoonman" y ese impagable solo de cucharas que se entrelaza con la maravillosa guitarra de Kim Thayil. Lo de "Black Hole Sun" es grandioso y desde el primer instante se convierte en uno de sus temas más adorados y característicos con esa cadencia tan años 50, tan David Lynch, que quedó plasmada para siempre en un videoclip inolvidable. También habría que destacar la intensidad, vaciado vocal incluido, de "The Day I Tried to Live", el rock sabrosón de "Let Me Drown", magnífico arranque, o ese medio tiempo tan acariciante como doloroso que es "Fell on Black Days", la mejor canción del lote junto a "Black Hole Sun".

Una obra que me llegó en el momento justo, me sacudió en toda su hermosa virulencia y me abrió puertas hasta entonces cerradas a nuevos estilos y nuevos grupos que acabarían marcando mi vida

En el resto del temario es donde encontramos los mayores problemas, con una calidad muy variable que se reparte de manera desigual en las 15 canciones más una extra en la edición CD. La clase media es innegablemente intensa y sólida, y aquí incluiríamos "My Wave", "Mailman" y quizás "Like Suicide". A punto de entrar en este club de notables dejaría los nobles intentos de "Head Down" y "Superunknown". Intentos que quedan deslucidos, en el primer caso porque a su gracia exótica le sobran por lo menos tres minutos; y en el segundo porque, aunque se tiñe de una psicodelia de indudable atractivo, se me antoja simplona y sin acabar, con un estribillo que busca el éxtasis en el grito y acaba sonando más bien tontorrón.


Lo que me dejo son los desperdicios. Canciones que a todas luces sobran y que son un fardo demasiado pesado para la perdurabilidad de un disco que es, me temo, peor de lo que parece. "Limo Wreck" y el tramo que va de "Kickstand" a "Half" es demasiado mediocre para formar parte del álbum más adorado de los norteamericanos. Son piezas desequilibradas que todo el mundo parece olvidar cuando se desgañita para encumbrar a este disco. En mi caso pesan demasiado y acaban enterrado el éxtasis en el que son capaces de sumirnos durante casi una hora. Y este empeño en estirar el gozo acaba haciendo daño. Una pena deliciosa, pero pena al fin y al cabo.

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