lunes, 19 de junio de 2017

trick or trick? #87: cenizas al aire



Sketches for My Sweetheart the Drunk (Jeff Buckley, 1998)
ROCK
AUTOR - bocetos / exhumación

Resultado de imagen de jeff buckley sweetheartJeff Buckley murió ahogado en la primavera de 1997, dejando atrás un disco celestial ("Grace" (94)) y una legión de seguidores atrapados por su estilo apasionado y sus canciones inflamadas. Tres años después, su madre, Mary Guibert, heredera única de su legado, decide junto a los jerifaltes de Sony que el cadáver ya está lo suficientemente frío como para editar los bocetos de lo que debería haber sido el segundo álbum del californiano. Se podrían repartir culpas, ya que al lado de todo editor avaricioso siempre va una cohorte de fans curiosos hasta la extenuación. Aunque claro, el oyente nunca decide sobre qué es lo que se debe editar o no. Y he dicho culpas porque hay mucho por lo que culpar aquí. Como mínimo, tantos motivos como los que hay para el regocijo.

Y eso es lo que hay, canciones deshilachadas, a medio terminar, ideas de canciones y momentos privados en los que Jeff da rienda suelta a sus ganas de divertirse entre ruiditos, gemidos y bizarradas varias. Algo que tal vez nunca debiera haber visto la luz

El batiburrilo empieza bien, muy bien, con una primera rodaja que merece todas las loas que el disco ha recibido. En ella encontramos ideas bastante avanzadas que muestran el poderoso material al que Buckley estaba dando forma. Unas canciones que nos hacen babear al pensar en el discazo que podía haber creado si la parca no nos lo hubiera arrebatado como lo hizo. El segundo CD es otra historia. Empieza con un par de remezclas muy buenas de temas que ya están en el primer disco y continúa con un material que refrenda que el título que Mary acabó dando al disco es de lo más apropiado. Vamos que no engaña a nadie. "Bocetos", dice bien clarito la portada. Y eso es lo que hay, canciones deshilachadas, a medio terminar, ideas de canciones y momentos privados en los que Jeff da rienda suelta a sus ganas de divertirse entre ruiditos, gemidos y bizarradas varias. Algo que tal vez nunca debiera haber visto la luz.


Un álbum necesario, no me cabe la menor duda, aunque no dé respuesta a las preguntas que todos nos hacemos. ¿Habría regrabado alguno de estos temas para su segundo disco? ¿Habría pulido las ideas que yacen aquí? ¿Habría encontrado la inspiración en una noche de insomnio con la que crear un disco con canciones nuevas totalmente diferente a este? Está claro que nunca lo sabremos. Delicias y errores se dan la mano aquí. Y a pesar de todo, el mito no se empaña. Al fin y al cabo Jeff no aprobó esto.

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